Capítulo 1: Despertar sin descanso
Leo era un smartphone de última generación, pero se sentía como una tostadora vieja. Eran las seis de la mañana y ya sentía los dedos de Mateo sobre su cristal frío. —¡Buenos días, Leo!— gritó el niño sin siquiera bostezar. Leo suspiró con una vibración muy débil. Sus circuitos internos todavía estaban calientes por la noche anterior. Mateo no lo había apagado nunca; solo lo dejó debajo de la almohada mientras se descargaban juegos pesados. Ahora, el brillo estaba al máximo y un video ruidoso comenzó a sonar de repente. Leo deseaba de todo corazón poder cerrar sus ojos digitales por un momento. —Ojalá Mateo mirara el sol por la ventana— pensó el teléfono mientras su batería bajaba rápidamente en apenas cinco minutos de uso intenso.